Lo innombrable de la infancia.

¿Qué distancia existe entre la infancia y el niño? ¿Son lo mismo? ¿Es la forma de hablar donde mantienen su diferencia? Es en el intento por responder, donde la pregunta marca su propio recorrido. Para el filósofo italiano, Giorgio Agamben, la infancia instaura en el lenguaje la separación entre la lengua (idioma) y la forma de hablarlo, la cual caracteriza de manera exclusiva y fundamental al lenguaje del ser humano.

Dicha separación, la plantea entre sistema de signos y habla. La infancia es la experiencia trascendental de la diferencia entre lengua y habla, le abre por primera vez su espacio a la historia. Se trata de una experiencia producto de una operación mental que se renueva y, cada nuevo niño deberá atravesar, experimentar, a la vez que ahí se abre un horizonte donde la fantasía y la imaginación, el fantasear y el imaginar, tendrán un papel preponderante en tanto producciones humanas de experiencia y de cultura. Es en este sentido que no puede considerarse la historia como un progreso continuo de la humanidad hablante a lo largo del tiempo lineal. La historia es, en esta perspectiva, esencialmente intervalo, discontinuidad, epojé.

Lo que tiene su patria originaria en la infancia debe seguir viajando hacia la infancia y a través de la infancia. Por lo que se puede decir que es imposible que la experiencia muda sea al mismo tiempo experiencia del infante porque la idea de infancia en términos, mentales, es pre-verbal, antes de que el niño hable. Podemos decir que la infancia es una reconstrucción temporalizada que expone una singularidad en cada infante, es decir, mantiene una íntima relación con el lenguaje.

Así, la infancia implica la sustracción de la temporalidad cronológica para inscribirse en la historicidad subjetiva. La infancia actúa sobre el cuerpo (del niño) y lo marca. Marca que permite la resignificación del niño apropiándosela en y con su discurso. Por lo que el niño es una figura creada por diversos campos de saber (político, pedagógico, económico, etcétera) para navegar en la ambivalencia que oscila en el límite del cuerpo biológico en evolución y la imagen impuesta a partir de la mirada institucionalizada.


La infancia, es una construcción que exige pensamiento, que pone en evidencia lo in-nombrable. La infancia será siempre una palabra en renovada significación. Por lo que el niño nace ahí donde aparece el nudo entre lo in-nombrable, la articulación simbólica de la palabra misma, y lo imaginario que nos despierta su significación.

Liora Stavchansky 
Psicoanalista
www.lomashill.com

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