Disciplina positiva ¿cómo empezamos?

 

“El castigo no es una estrategia educativa, es inseguridad adulta”. 

Marisa Moya.

Probablemente has escuchado de muchas corrientes educativas que desisten del castigo como método para poner límites o promover el respeto, hoy vamos a hablar de una de ellas, la disciplina positiva acompañada de firmeza y amabilidad.


Para Marisa Moya, la máxima referencia en el tema en España, todo se trata de sentido común y coherencia para cubrir las necesidades de los niños. De esta forma tenemos que poner atención a los siguientes puntos: 

  • Conexión. Todos la necesitamos, es el sinónimo de supervivencia porque nos hace sentir cuidados, que pertenecemos, que somos valiosos.
  • Sentido de contribución. Sin importar la edad todos aportamos algo. Reconocérselo a los más pequeños es hacerlos partícipes y significativos.
  • Respeto mutuo. Sin denostar. Esto les da la confianza para desenvolverse en diferentes ámbitos.
  • Empatía y comprensión de emociones y sentimientos. Muchas veces lo único que vemos es la conducta, con disciplina positiva aprendemos a identificar el sentimiento movilizador que está detrás del comportamiento. 
  • Desarrollo de habilidades socioemocionales. El niño ya sobrevivió, ahora ¿cómo va a prosperar? Con competencias que le permitan superar los obstáculos que se le presenten, solo que estas destrezas las aprenderá imitando. Si el adulto no es capaz de modular sus acciones y reacciones, eso es lo que el infante copiará. 
Foto de NEOSiAM 2020 en Pexels

Pongamos un ejemplo, un niño de 2 años sin supervisión colorea en una pared. Él responde a su naturaleza curiosa, sabe que cuando colorea tiene respuestas positivas, no distingue si está bien hacerlo en un papel o en la pared porque no tiene las habilidades para hacerlo, su intención no es hacer enojar a mamá o a papá, su conducta refleja lo que su instinto le indica, no tiene filtros. 

Cuando el adulto -con toda la carga de un día pesado- ve el mal comportamiento, tiene 2 opciones: 

  • Responder con el cerebro reptiliano, llevado por el impulso y todo lo que ello significa, hacer y decir cosas que no lo harán feliz y que muy probablemente dejen una huella difícil de borrar. Y a costa de todo eso, aunque se regañe y se castigue, el niño no va a entender qué es lo que hizo mal, estará confundido, posiblemente tendrá miedo, pero no tendrá claro nada más allá de eso.
  • Tomar un momento –o el tiempo que se necesite- para reaccionar con el cerebro pensante y modular la reacción, recordar que el interés no es culpabilizar al pequeño, ni hacerlo sentir mal. Valorar la edad y la acción porque sobre todo en edades tempranas se trata de comportamientos acorde a su etapa de desarrollo, no de mala conducta. Con el pensamiento más claro podemos, especialmente antes de los 2 años, ofrecer opciones porque las prohibiciones no las entienden.


Las mejores decisiones son las que provienen de un sistema emocional bien equilibrado.


Si llegaste hasta este punto te habrás dado cuenta de que la reacción del adulto es fundamental, pero necesitamos observar un panorama más amplio para tener clarísimo el por qué, y es que los niños crean su autoconcepto y su visión del mundo a partir de nuestra influencia, si como mayores tenemos actitudes y creencias poco saludables, es lo que estaremos enseñando.


¿Qué regalos en forma de cualidades le obsequiarías a tus hijos? Características que les sirvan para ser feliz, resiliencia, facilidad para adaptarse a momentos y circunstancias, una actitud transformadora, empatía, generosidad, sentido del humor. Pues todo eso y más puedes regalárselo ¿cómo? Poniéndolas en práctica, recuerda que las destrezas socioemocionales se imitan.


Foto de August de Richelieu en Pexels

A modo de resumen recuerda que atrás de una “travesura” hay emociones que la detonan, ahonda en ellas para corregir porque la conducta no define al pequeño, no hay niños incontrolables, hay chicos con dificultades que no logran externar o que simplemente se comportan como su naturaleza les está dictando. Ojo también con la reacción, hacerlo en la medida justa, es imprescindible para que la experiencia se convierta en una oportunidad de darle a tus hijos esos regalos en forma de cualidades. 


Si ya te estás preguntando cómo poner en práctica la disciplina positiva y sobre todo, cómo se hace en niños educados en el sistema premio-castigo, en la segunda entrega de este tema abordaremos estos puntos.


Un cosa más: Tu calma, es la calma de tus hijos. 


Fuente: “El castigo no es educativo, es inseguridad adulta”. Marisa Moya. BBVA Aprendamos juntos. Febrero 2019.

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