Una experiencia universitaria fascinante.


A lo largo de mi vida he tenido diferentes experiencias. Si alguna vez creí haber tenido claro el panorama universitario, vivir esta experiencia me hizo dar cuenta que no era así. Por parte de la escuela fui invitada a Stanford al programa de Pre-Collegiate Summer Institutes el cual consistía de dos semanas en la Universidad de Stanford.

Durante estas dos semanas tuve diferentes clases, viajes a San Francisco y actividades dentro del campus. En las dos semanas que asistí tuvimos
diferentes clases todos los días. Sin embargo, uno pensaría que las clases que se van a tomar son mate, writing, ciencias, entre otras. Cuando me dieron el horario y vi todas las diferentes clases y sus nombres me entró la curiosidad de saber en qué consistía cada una de ellas. Conforme los días iban pasando me di cuenta que cada una de las clases tenían una cosa en común; todas se relacionaban con aspectos de la vida, del día a día de uno. No sé los demás pero por mi mente nunca cruzó la idea de tener clases como toma de decisiones o liberando tu potencial personal.

A pesar de todo esto, yo tuve dos clases favoritas: Anatomía y cómo derrotar al cáncer. Desde muy chica he sido una persona a la cual le ha interesado la medicina pero nunca me vi a mi misma tocando un cerebro o unos pulmones. En anatomía nos llevaron al laboratorio en el cual tuvimos la oportunidad de tocar corazones, pulmones, tanto sanos como de fumadores, un cerebro y ciertos riñones. Por el otro lado, la clase de cáncer mi interesó mucho porque es una enfermedad desconcertante que te explica mucho acerca de cómo funciona el cuerpo humano.

Además de tener clases tuvimos excursiones. El primer día que salimos de Palo Alto fuimos a ver un partido de baseball en San Francisco. Al día siguiente nos llevaron al museo de “California Academy of Science”, al “Golden Fate” y a “Pier 39”. Claro, no podía faltar la visita al centro comercial.

Desde otro ángulo, esta la parte social. Nunca me había imaginado las grandes amistades que uno puede hacer en dos semanas. Yo viajé con un amigo, pero al llegar al campus nos separamos; él se fue a una casa y yo a otra.  Al llegar a mi casa conocí a mi roomie y pensé “creo que no me voy a llevar muy bien con ella”, pero no fue así. Pensé que me iba a costar trabajo hacer amigos ya que yo me consideraba de cierto modo penosa. Sin embargo, a la una hora de estar ahí ya tenía lo que se convirtieron en mis mejores amigas. Conforme el viaje fue transcurriendo hice más y más amigos, amigos con quienes hoy en día sigo en contacto.

Hablando por mí, aprendí bastantes cosas de la gente, su cultura e intereses. La experiencia de convivir con personas y culturas de todo el alrededor del mundo es fascinante. Coincidir con personas que disfrutaban el estar ahí y tener intereses en común es algo que nunca voy a olvidar.

Tener la oportunidad de ir a una de las mejores universidades del mundo fue algo que siempre voy a tener presente dentro de mí. Saber que el impacto para las universidades hoy en día no es solo a nivel académico sino también a nivel deportivo, artístico y social, es una de las cosas que me entusiasman por todo lo que desarrollo en mi vida diaria. Me dí cuenta que tener la mente abierta, no estar aferrado a algo en particular y probar cosas nuevas es lo mejor que uno puede hacer.


María Quintero
Alumna de 9º Grado
Colegio Lomas Hill

www.lomashill.com

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