Burnout ¿en edad escolar?

 "Todos los padres deberían mirar los deseos de sus hijos, quitarles las grandes expectativas y el miedo a fracasar y darles más tiempo libre para soñar y jugar". Holger Ziegler, pedagogo. 

En los últimos meses hemos escuchado con mayor frecuencia el término burnout para hacer referencia al cansancio físico y mental extremo. Generalmente lo relacionamos con excesivas cargas de trabajo y estrés laboral que tienen afectaciones en la salud física y emocional de cada vez más adultos. Sin embargo, también tiene su contraparte infantil.  


Si bien es cierto que el burnout se analiza desde la década de los 70, diez años después surgieron investigaciones que sugerían una similitud entre el trabajo del adulto y el trabajo escolar, con la premisa de que los niños se enfrentaban a la completa falta de control sobre su ambiente y a la imposibilidad de cambiarlo; en consecuencia, manifestaban conductas relacionadas con el abandono escolar, frustración, disminución del rendimiento e incluso trastornos somáticos.  


El escenario actual no es más alentador que el de décadas pasadas, investigaciones hechas en Alemania, señalan que las secuelas de este agotamiento extremo pueden llevar a depresiones, miedo a fracasar y a una potencial actitud agresiva. Entre los indicios físicos que sugieren la presencia de burnout infantil, se encuentran dolores de cabeza o estomacales, náuseas, pesadillas, cansancio o desgano en cosas que normalmente disfrutaban. 


Foto: Julia M Cameron en Pexels
¿Qué perciben los padres de familia? 


El 87.3% de los padres estudiados considera que no exigía en demasía a sus hijos, la mitad está dispuesta a hacer cualquier cosa por incentivar a sus niños frente al temor de no estar haciendo suficiente por ellos.   


Aunque pudiera ser difícil comparar el escenario alemán con el contexto de países como México, hay factores en común que pueden contribuir a que los pequeños pasen por episodios de burnout: el sentirse comparados con otros niños, las grandes expectativas que se depositan sobre ellos y que terminan en estrés, ambientes familiares tensos, divorcios o enfermedades.  


Con estos antecedentes llega el momento de indagar qué tanta tensión estamos depositando en nuestros niños, cómo estamos fomentando competencias que no son sanas, sobre todo, a qué costo lo estamos haciendo. 


Fuente: Knaus, WJ. (1985). Student burnout -a rational emotive education treatment approach. En A. Ellis y M.E. Bernard, Clinical applications of rational emotive therapy (pp. 263-281). Nueva York: Plenum Publising Corp. 

Vanessa Ranft. (2015). Burnout en niños, Deutsche Welle, Alemania.  

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