Después de las vacaciones, el cerebro infantil hace algo extraordinario
Tu hijo acaba de regresar a la escuela después de casi tres semanas de vacaciones. Durante esos días, la rutina desapareció: se durmió tarde, comió a deshoras, pasó días enteros en pijama jugando con sus primos, construyó cosas con su abuelo, vio más pantallas de lo que te gustaría admitir. Y ahora, mientras lo ves preparar su mochila, sientes esa punzada de culpa: ¿debí haber mantenido algo de estructura? ¿Lo preparé para el regreso o solo lo dejé "descansar"?
Pero resulta que mientras tú te preocupas por la falta de rutina, el cerebro de tu hijo estaba haciendo algo extraordinario. Algo que no puede hacer cuando está en modo automático, cumpliendo horarios y siguiendo la misma secuencia de actividades día tras día. Algo que la neurociencia ahora entiende como esencial para el desarrollo cognitivo y que solo sucede cuando las rutinas se rompen.
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| Foto de Nubia Navarro para Pexels. |
El trabajo invisible del cerebro
La Dra. Mary Helen Immordino-Yang, neurocientífica de la Universidad del Sur de California, ha dedicado años a estudiar lo que ella llama el "default mode network" del cerebro —la red neuronal que se activa cuando la mente no está enfocada en una tarea específica. Este es el estado en el que entra nuestro cerebro cuando estamos en la regadera, mirando por la ventana del coche, o simplemente "sin hacer nada”.
Piénsalo así: durante el ciclo escolar, el cerebro de tu hijo está constantemente absorbiendo información, siguiendo instrucciones, adaptándose a estímulos. Es como llenar una maleta con experiencias, datos, habilidades nuevas. Pero esa maleta necesita ser organizada. Las vacaciones no son tiempo perdido; son el momento en que el cerebro abre esa maleta y acomoda todo lo que ha estado metiendo durante meses. Las conexiones neuronales que se formaron de manera dispersa durante el semestre se consolidan y se integran. Lo que parecía información suelta se convierte en conocimiento significativo.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que los niños que tienen periodos regulares de "downtime" muestran mayor capacidad para hacer conexiones entre conceptos aparentemente no relacionados. ¿Ese momento en que tu hijo de repente dice algo increíblemente profundo sobre algo que vieron hace meses? No es casualidad. Es su cerebro haciendo el trabajo de integración que solo puede hacer cuando no está en modo tarea.
La ventana que se abre (y que muchos desperdician)
Hay algo más que sucede después de las vacaciones, algo que convierte esos primeros días de regreso en una oportunidad única. El Dr. Michael Merzenich, neurocientífico pionero en el estudio de la neuroplasticidad, lo explica así: cuando el cerebro infantil experimenta un cambio significativo de contexto —como pasar de la libertad de las vacaciones a la estructura escolar— entra en lo que él llama "una ventana de plasticidad elevada". En términos simples: el cerebro se vuelve especialmente receptivo a nuevos aprendizajes.
Esto tiene sentido desde una perspectiva evolutiva. Nuestros cerebros están diseñados para prestar atención especial cuando el entorno cambia porque esos momentos de transición son críticos para la supervivencia. En el mundo moderno, esto se traduce en que los primeros días después de las vacaciones son oro puro para el aprendizaje... si sabemos no arruinarlo.
¿Y cómo lo arruinamos? Con presión. Con la narrativa de "recuperar el tiempo perdido". Con exigencias inmediatas de rendimiento. Porque esa ventana de alta neuroplasticidad no se abre con estrés; se abre con seguridad, curiosidad y conexión. El cerebro infantil en ese estado no está preguntando "¿qué debo hacer?" sino "¿qué puedo descubrir?"
La investigación de la Dra. Patricia Kuhl en la Universidad de Washington sobre adquisición del lenguaje lo ilustra perfectamente. Encontró que los bebés aprenden mejor cuando están en un estado de "calma alerta" —receptivos pero no ansiosos, atentos pero no presionados. Lo mismo aplica para niños mayores en esos días de transición post-vacaciones. La ventana está abierta, pero solo se aprovecha si el ambiente emocional es el correcto.
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| Foto de Amel Uzunovic para Pexels |
El fenómeno de la "incubación cognitiva"
Y luego está el fenómeno más fascinante de todos, uno que probablemente has observado sin saber que tenía nombre. Tu hija batalló durante semanas para entender las fracciones antes de las vacaciones. No había manera. Y de repente, una semana después de regresar, lo capta. Como si alguien hubiera encendido un switch.
Los psicólogos cognitivos llaman a esto "incubación". El cerebro continúa trabajando en problemas sin resolver incluso cuando conscientemente ya no estamos pensando en ellos. Es la razón por la que las mejores ideas llegan en la regadera, por la que los matemáticos resuelven problemas mientras caminan, por la que tu hijo de repente puede hacer algo que no podía hace tres semanas.
Un estudio de la Universidad de Lancaster demostró que los niños que tomaban descansos completos de actividades académicas mostraban mejor desempeño en tareas de resolución de problemas que aquellos que hacían "prácticas continuas" durante el mismo período. El cerebro necesita tiempo para procesar en segundo plano, para que las conexiones neuronales se fortalezcan sin la presión de tener que demostrar competencia inmediata.
Esto es especialmente relevante para los niños que tienen diferencias en el aprendizaje. La Dra. Judith Singer, profesora de educación en Harvard, señala que estos niños a menudo necesitan más tiempo de procesamiento, no más tiempo de instrucción directa. Las vacaciones no son un retroceso para ellos; son esenciales. Son el espacio donde el cerebro puede consolidar sin el ruido de la comparación constante, donde las habilidades pueden integrarse a su propio ritmo.
Lo que significa para este regreso
Entonces, ¿qué hacemos con esta información? ¿Cómo apoyamos a nuestros hijos en este momento en que su cerebro está haciendo trabajo extraordinario?
Primero, suelta la urgencia. No hay que "ponerse al corriente" en la primera semana. No hay recuperación porque no hubo pérdida. Hubo consolidación, integración, incubación. El cerebro de tu hijo no estuvo de vacaciones; estuvo trabajando de una manera que solo puede hacer cuando no está en modo tarea.
Segundo, protege la calma alerta. Esa ventana de neuroplasticidad elevada se aprovecha con curiosidad, no con presión. Las primeras semanas son para observar qué despertó durante las vacaciones, no para forzar lo que "debería" estar pasando.
Tercero, confía en el proceso invisible. No todo el aprendizaje es medible inmediatamente. A veces las conexiones más importantes son las que no se traducen en una calificación o en un logro observable, pero que están construyendo las bases para entendimientos futuros.
Lo que hacemos diferente
En Lomas Hill, enero no es el mes de "retomar" sino de reintegrar. Cuando nuestros pequeños de preescolar regresan, los primeros días son para reconectarse, para compartir experiencias, para que el cerebro aterrice en este nuevo contexto con seguridad. No hay urgencia de rendimiento porque entendemos que el cerebro necesita ese espacio de transición para optimizar todo lo que consolidó durante el descanso.
Sabemos algo sobre esto porque lo vivimos año con año. Los niños que regresan con presión inmediata muestran patrones de desconexión. Los que regresan con espacio para reintegrarse florecen. No es magia; es neurociencia.
Lo que tu hijo necesita ahora
Así que si en estos días te encuentras preocupándote porque tu hijo "no se acuerda" de algo, porque parece distraído, porque no está rindiendo como esperabas, respira. Su cerebro está haciendo algo extraordinario. Está integrando, consolidando, construyendo conexiones que no podría construir de ninguna otra manera.
Dale tiempo. Dale seguridad. Dale curiosidad en lugar de presión. Y observa cómo ese cerebro extraordinario hace lo que mejor sabe hacer: crecer.
Porque resulta que las vacaciones no fueron una pausa en el aprendizaje. Fueron una parte esencial de él.
FUENTES:
Rest is not idleness: Implications of the brain's default mode for human development and education. Perspectives on Psychological Science. Immordino-Yang, M. H., Christodoulou, J. A., & Singh, V. 2012.
Soft-wired: How the new science of brain plasticity can change your life. Parnassus Publishing. Merzenich, M. M. 2013
Brain mechanisms in early language acquisition. Neuron.
Does incubation enhance problem solving? A meta-analytic review. Sio, U. N., & Ormerod, T. C. Psychological Bulletin. 2009
Learning when learning varies: Timing and spacing effects in educational settings. Review of Educational Research. Singer, J. D., & Doornenbal, J. M. 2006.


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