Amigos de distintas culturas: el beneficio cognitivo que nadie te cuenta

¿Te has puesto a pensar en los amigos de tu hijo? No en si son "buena influencia" o si se llevan bien. Sino en de dónde vienen.

Resulta que cuando un niño crece con amigos de diferentes países y culturas, su cerebro desarrolla algo que los científicos llaman "theory of mind" de forma mucho más rápida. La Universidad de Oxford lo ha confirmado con un estudio en 2024.

¿Y qué es eso? Básicamente, es la capacidad de entender que otras personas piensan y ven el mundo de formas completamente distintas. Suena obvio, pero es un salto cognitivo enorme.

Imagina esto: tu hijo de 4 años ve a otro niño buscando su juguete en el lugar equivocado. Si puede entender que el otro cree que está ahí (aunque él sepa que no), su cerebro ya dio ese salto. Y esa habilidad predice mucho: cómo se relaciona, cómo resuelve problemas, incluso cómo le va académicamente.


Foto de Rahul Pandint para Pexels



Cuando "lo normal" de uno no es "lo normal" del otro

Típico que tu hija llega confundida de la escuela porque dos de sus amigas celebran Año Nuevo en fechas distintas. O que te pregunta por qué su compañero no come lo mismo que todos en el lunch.

Esos momentos de "espera, ¿cómo es posible?" son exactamente donde pasa algo importante.

Hay algo que los expertos llaman flexibilidad cognitiva. Suena técnico pero es súper práctico: es la capacidad de cambiar de estrategia cuando algo no funciona, de ver las cosas desde varios ángulos, de conectar ideas que parece que no tienen nada que ver.

Los niños que conviven con compañeros de diferentes culturas desarrollan esto naturalmente. Porque cada día tienen que navegar conversaciones donde "así se hace" para uno no es "así se hace" para el otro.


No es lo que nos dijeron

Durante años nos vendieron la diversidad cultural como tema de valores. Que es importante enseñar respeto, inclusión, tolerancia. Y sí, claro. Pero hay algo mucho más concreto pasando.

Cuando analizaron cientos de estudios sobre el tema, encontraron lo mismo una y otra vez: niños que conviven genuinamente con compañeros de diferentes backgrounds desarrollan mejor capacidad de ponerse en los zapatos del otro. No como ejercicio moral sino como habilidad mental real.

Mira esto: niños de 4 años en Japón piensan diferente que niños de 4 años en Estados Unidos. No es que unos sean "mejores". Es que sus cerebros se enfocan en cosas distintas. Los japoneses ven más las conexiones entre elementos, los estadounidenses se concentran más en detalles individuales.

¿Qué pasa cuando pones a estos niños juntos en el mismo salón? Cada uno está expuesto a una forma de pensar que jamás desarrollaría si todos a su alrededor pensaran igual.


Ojo: no cualquier diversidad funciona

Aquí está el detalle importante. No basta con que haya niños de diferentes países en la misma escuela. Tiene que haber interacción real.

Si son grupos enormes donde los niños se dividen naturalmente y solo juegan con quienes se parecen más, no pasa nada, no se detona el gran beneficio. El beneficio viene cuando hay:

Grupos pequeños donde tienen que convivir todos con todos. En un salón de 20+ niños, se forman subgrupos. En uno de 8-12, no queda de otra más que interactuar con todos.

Tiempo real juntos, no solo "días culturales" una vez al mes. Las amistades se forman en el recreo, en la comida, en esos momentos sin estructura donde realmente conoces al otro.

Maestros que aprovechan las diferencias en lugar de ignorarlas. Cuando surge un conflicto porque dos niños tienen ideas totalmente distintas sobre "cómo se hace algo", ¿lo ven como problema o como oportunidad?


La ventana que no regresa

Entre los 3 y 7 años se consolidan estas habilidades. Después es muchísimo más difícil desarrollarlas.

Lo que tu hijo vive en sus amistades durante estos años no solo forma sus relaciones sociales. Está moldeando las estructuras mentales que van a determinar cómo piensa y resuelve problemas el resto de su vida.

Por eso importa tanto con quién pasa tiempo en esta etapa.


El tipo de inteligencia invisible

Lo más interesante es que estos beneficios no aparecen en ningún examen. No hay prueba estandarizada que mida qué tan bien tu hijo puede:

  • Trabajar en equipo con personas que piensan totalmente distinto.
  • Encontrar soluciones creativas cuando lo obvio no funciona.
  • Adaptarse cuando todo cambia.
  • Conectar genuinamente con personas diferentes.


Pero son exactamente las habilidades que separan a los niños que se adaptan bien, de los que se quedan atorados.


¿Ya te fijaste en esto?

La próxima vez observa con quién juega tu peque. Si ves que está armando algo con amigos y claramente cada uno tiene una idea completamente distinta de qué construir, fíjate cómo negocian. Cómo cada uno explica su visión. Cómo encuentran la forma de combinar las tres ideas.

Antes pensarías "qué bonito que juegan juntos". Pero en ese momento, sus cerebros están haciendo un entrenamiento cognitivo imposible de replicar en un salón donde todos piensan igual.

Cuando esos amigos vienen de lugares diferentes, celebran cosas distintas, en sus casas hacen todo de otra forma, tu hijo está recibiendo algo que ningun programa académico puede darle.

Está aprendiendo que hay mil formas de ver y hacer las cosas. Y que todas pueden tener sentido.

Esa lección le va a servir mucho más que cualquier cosa que memorice.


Fuentes: Children in ethnically diverse classrooms and those with cross-ethnic friendships excel at understanding others' minds. Devine, R.T. Child Development, Oxford Academic, 2024.

Cultural variation in cognitive flexibility reveals diversity in the development of executive functions. Deák, G.O. Nature Scientific Reports, 2018. 

Cross-cultural differences in cognitive development: Attention to relations and objects. Richland, L.E. PMC - National Center for Biotechnology Information. 2012.

Research on cultural diversity and cognitive flexibility in early childhood education. National Association for the Education of Young Children (NAEYC)

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