Que avance de año sí, pero que no cambie tanto
Hay un momento en el fin de ciclo que nadie fotografía. No es la graduación, ni el aplauso, ni la cara de tu hijo cuando recibe su diploma; es el momento justo después, cuando guardas la ropa que ya no le va a quedar o cuando ves la mochila tirada en el suelo por última vez antes de que todo cambie, y sientes algo que no sabes muy bien cómo describir.
No es tristeza exactamente, tampoco es solo orgullo. Es algo más raro: querer que siga creciendo y al mismo tiempo querer que se detenga todo. Querer soltar y no poder del todo. Si lo sentiste, no estás exagerando.
Tiene nombre, aunque nadie te lo haya dicho
Se llama duelo anticipatorio no clínico, y no tiene nada que ver con pérdidas reales ni con enfermedad. Es la respuesta emocional natural ante una transición: el reconocimiento, a veces inconsciente, de que una versión de tu hijo está terminando, y que lo que viene, aunque sea bueno, es diferente a lo que fue.
Psychology Today lo documentó recientemente en el contexto del fin del ciclo escolar: las transiciones educativas son momentos emocionalmente intensos para los padres, no solo para los hijos. Y lo que más reportan las madres no es miedo al futuro, sino una mezcla agridulce de nostalgia y al mismo tiempo disposición hacia lo nuevo, dos sensaciones que no deberían coexistir, pero coexisten. Eso es exactamente lo que sientes.
![]() |
| Foto de Patricio Ledeill para Pexels |
Por qué les pasa más a las mamás y por qué tiene sentido
Un estudio con madres latinoamericanas identificó algo que los investigadores llaman ansiedad de separación materna: un estado emocional específico, medible, que surge cuando el hijo avanza hacia su propia autonomía. No es ansiedad clínica; es la respuesta de alguien cuya identidad se construyó, en parte importante, alrededor de estar presente en cada etapa del hijo.
Y aquí está lo que nadie te dice: esa ansiedad no aparece porque algo esté mal contigo, aparece porque estuviste ahí.
Investigaciones sobre transiciones escolares muestran que la ansiedad materna se intensifica precisamente en los momentos de cambio de nivel, no porque las madres no confíen en sus hijos, sino porque cada transición es también un recordatorio de que el tiempo avanza y de que tu rol está cambiando junto con él.
Lo que esta emoción te está diciendo en realidad
Hay una tendencia a querer resolver rápido lo que se siente incómodo, a decirnos "ya, es normal, hay que seguir" y pasar a lo siguiente. Pero vale la pena quedarse un momento con esto.
El duelo por una etapa que cierra no es señal de que algo salió mal; es señal de que algo importó mucho. Los vínculos que no duelen al transformarse son los que nunca fueron profundos; el tuyo claramente sí lo es.
Sentir que quieres detener el tiempo no significa que no estés lista para lo que sigue, significa que supiste estar presente en lo que fue. Y eso, en una época donde todo va rápido y la atención es el recurso más escaso, no es poca cosa, y cuesta soltar.
Lo que viene también es tuyo
El hijo que entra al siguiente ciclo no es el mismo que empezó este año, y tú tampoco eres la misma mamá que eras hace doce meses. Eso puede sentirse como pérdida, y en parte lo es, pero también es evidencia de que algo real ocurrió entre los dos.
Cada etapa que cierra fue completa en sí misma; no necesita extenderse más para haber valido. Y la que viene, con sus primeras veces nuevas, con sus miedos distintos, con sus logros que todavía no imaginas, también va a ser tuya.
Soltar no es olvidar, es hacer espacio para lo que sigue.
Fuentes: “Parenting Through the Bittersweet End of Another School Year”. Erin O’Connor Ed.D. Psychology Today. Mayo, 2025.
“Bittersweet Life Transitions In Parenting”. Clair Mellenthin. Agosto, 2016.
“Parental Psychological Control: Maternal, Adolescent, and Contextual Predictors”. Pérez JC, Huerta P, Rubio B, Fernández O. Septiembre, 2021.

Comentarios
Publicar un comentario